P.I.G.S. on the wind

Ya lo decían los Pink Floyd en 1977 en su album Animals: El álbum establece las pautas de identificación de estratos sociales mediante el concepto de la animalización basándose en la novela escrita por George Orwell, Rebelión en la granja (en concreto las tres canciones centrales, de más de diez minutos de duración). Roger Waters (quien para este álbum había tomado el control creativo del grupo, componiendo todas las canciones, salvo en el caso de "Dogs" que compuso junto a Gilmour) clasifica a todos los humanos en tres clases distintas: perros (empresarios megalomaníacos), cerdos (políticos y moralistas, con referencias a Margaret Thatcher y Mary Whitehouse) y ovejas (quienes no pertenecen a ninguna de las dos categorías anteriores, y siguen ciegamente a los perros y los cerdos). Se ha criticado en ciertos sectores a este álbum por atacar abiertamente el sistema imperante sin exponer a cambio ninguna idea constructiva como alternativa.

El economista Andrew Clarck columnista del Financial Times, co-decano de la CASS Business School y antiguo analista del Banco de Inglaterra acuño el acrónimo P.I.G.S. (Portugal, Ireland, Greece, Spain) que hace referencia a un refrán anglosajón que alude a un suceso muy improbable. En este caso se utiliza para referirnos a las economías inflacionarias de la eurozona.

Esto se debe a que mientras la economía mundial se recupera, estos países se están quedando fuera de juego. Si los gobiernos P.I.G.S. no toman medidas drásticas para frenar su deuda (por ejemplo, el gobierno español, la ha reducido de manera insignificativa, y pretende captar recursos a través de medidas insostenibles en este momento para la economía, como alargar el tiempo de jubilación o subiendo el I.V.A.), los inversores internacionales los penalizarán y cada vez cobrarán un precio más alto por prestarles dinero.

A diferencia del Reino Unido, ellos tienen una política monetaria independiente, lo que les permite fijar los tipos de interés que más les convengan, en cambio, los P.I.G.S. están encadenados a tipos de interés que benefician a Alemania y Francia, sin contar el problema para sus exportaciones derivado de poseer una moneda fuerte como el euro.

En el caso de Grecia, es que tiene un déficit público astronómico y una deuda muy alta, lo que le deja solo dos opciones: aceptar fuertes recortes en el sector público y prepararse para aguantar la recesión durante los próximos cinco años o abandonar el euro. En el caso de la segunda opción el problema sería que una vez barridos los griegos, los inversores pondrían su atención en los siguientes eslabones débiles de la cadena, España, Portugal e Irlanda, así hasta hacer fracasar el euro. El euro a beneficiado más a unos que a otros, siendo su balance hasta el momento más malo que bueno, ya que ha hecho a las economías de la eurozona más propensas a duras recesiones periódicas.

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